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Diez claves sobre la irrupción de Vox en Andalucía

Artículo publicado en la revista LaU el 15 de diciembre de 2018.

 

En los momentos de aceleración y confusión debemos conservar una mirada amplia que no se pierda en la maraña de la política-espectáculo. No para inhibirnos de ella, pues eso más que un desprecio sería el reconocimiento de nuestra propia incapacidad, sino para intentar entenderla mejor. Por ello, es imprescindible que situemos cada acontecimiento concreto dentro de un marco más amplio que nos permita atender éstos en toda su magnitud. Creo que ser repetitivo es un riesgo que vale pena correr, así que intentaremos empezar, como siempre, por el principio.

  1. España ya es un país «normal».

La dimensión de la crisis económica es internacional. Su gestión y sus consecuencias han variado según las particularidades nacionales de cada país, pero en todos ellos ha dejado un importante reguero de desigualdad y descontento. Este es uno de los motivos sin los cuales no se puede entender la crisis que, al mismo tiempo, sufren los sistemas políticos liberales-representativos y por extensión sus principales representantes. El bipartidismo compuesto entre una izquierda antaño socialdemócrata y una derecha más o menos liberal o más o menos conservadora ha sido barrido. Las salidas están apareciendo por los márgenes. Trump, Salvini, Orbán, Le Pen o Bolsonaro son expresiones no necesariamente idénticas de un mismo contexto de crisis. La consagración electoral de Vox nos inserta dentro de la «normalidad» internacional. Por resumirlo en una expresión certera de Enric Juliana: «Si arde París, Sevilla no puede ser un oasis»[1].

  1. La crisis de régimen lo atraviesa todo.

Nada de lo que viene ocurriendo desde 2011 se puede entender sin la crisis de autoridad de unas élites económicas y políticas que vieron alejarse a diversos sectores sociales de los consensos que hace tan solo unos años parecían inquebrantables. El primer candado que se rompió fue el de la economía de mercado: todo el mundo entendió rápidamente que estábamos ante una estafa acometida por los privilegiados y cuyas consecuencias eran cargadas sobre las espaldas de la mayoría social. Esto hizo que se rompiera el segundo: el bipartidismo se demostró como la expresión relativamente plural de esos mismos privilegiados. Paralelamente se rompió el tercero: el Rey únicamente representaba de manera fidedigna a los privilegiados y a los golfos que nos convirtieron en mercancía. Por último se rompió el referente a la organización territorial: el Estado de las Autonomías. La crisis de autoridad devino en crisis de régimen. Las élites económicas y políticas eran incapaces de reconstruir consensos lo suficientemente amplios como para pasar página ordenadamente e inaugurar una nueva etapa.

  1. ¿El 15-M como vacuna?

El 15-M fue el resultado de una impugnación en clave democrática ante esa crisis. Conectó y dirigió el descontento que atravesaba el «sentido común» hacia arriba, unas veces de manera más primaria y otras de manera más profunda. Sin embargo, entenderlo como una especie de «vacuna» ante la extrema derecha o cualquier fenómeno reaccionario es un error[2]. El sentido común nunca es estático, sino dialéctico, complejo y contradictorio. Se reproduce y se renueva de manera permanente, por lo que si acaso los efectos de la vacuna serían temporales. En el sentido común perviven las semillas para la emancipación, pero también para la reacción. Hay personas que sin cambiar el diagnóstico de la crisis económica y política pueden cambiar perfectamente su respuesta. Dependiendo de qué teclas se toquen el sentido común puede dirigirse en una dirección o en otra.

La fase política de 2011 a 2015 fue, en última instancia, una ardua batalla cultural para dirigir el sentido común en una dirección democrática. El grupo parlamentario más numeroso de la izquierda en cuatro décadas fue el resultado de varios años de trabajo en el conjunto de la sociedad civil –en su definición más amplia–. Aunque pueda parecer obvio, debemos tenerlo en cuenta.

  1. El 1-O: un chute de testosterona para las derechas.

La jornada del 1 de octubre celebrada en Cataluña acabó dinamitando la escasa reputación que guardaba entre sus filas un Mariano Rajoy anegado en corrupción y puesto en la picota meses más tarde tras la sentencia de la Gürtel. No es que fuera un blandengue, pero el PP se encontraba ahogado en las limitaciones de la responsabilidad de Estado en un momento de competencia descarnada en la derecha. Ninguno de sus aguerridos críticos habría hecho mucho más, pero el PP necesitaba abandonar esa estrategia conservadora para pasar a la ofensiva. Pablo Casado es ese intento de rearmar la lucha cultural e ideológica. Santiago Abascal el resultado final.

El independentismo catalán generó un impacto profundo que fue mucho más allá del «a por ellos» y de la propia España de los balcones. Hirió el orgullo nacional y tocó la tecla del miedo. Especialmente a partir de entonces la derecha inició una ofensiva que llegó a sectores de la sociedad española muy amplios. Un trabajo cultural que fue desde los discursos grandilocuentes en las instituciones y en los grandes medios de comunicación a las redes sociales pasando por radios y televisiones pequeñas pero muy efectivas. Juegan con ventaja, qué duda cabe, pero también hacen un laborioso trabajo muchas veces discreto.

  1. La moción de censura y la oportunidad perdida.

La moción de censura no hizo sino confirmar las sospechas de las derechas: estamos ante un gobierno sin escrúpulos maniatado por golpistas, batasunos y bolivarianos. Pablo Casado legitimó a Vox en el Congreso que fue elegido Presidente del PP, pero no cayó en que comprar su agenda es un error si no es capaz de asumirla entera: si hay una derecha sin complejos para qué votar a la derechita cobarde o a la veleta naranja. Terreno fácil para que desde Vox puedan señalar constantemente el «quietismo» del dirigente popular, como hace Rafael Bardají[3], uno de sus principales cerebros.

La competición centrífuga en la derecha permitió la posibilidad de un acercamiento entre el PSOE y Unidos Podemos, para disgusto de la facción más derechista de los primeros, que quedó aislada ante la imposibilidad de pactar con un Ciudadanos en el monte. Sin embargo, el PSOE pronto se dio cuenta de la dimensión de sus contradicciones: desarrollar una política diferente a la del PP significa al menos dejarse apoyar por los independentistas. Finalmente la lectura de los resultados andaluces acabará declinando esa posibilidad. Dos años después del asentamiento de Unidos Podemos y tras medio año de Gobierno del PSOE, «la izquierda» –incluyendo a los de Pedro Sánchez– tiene poco que ofrecer a los españoles: la incapacidad para sacar adelante un presupuesto modesto probablemente sea el mejor reflejo. Apenas hay sociedad civil articulada y las derechas en ningún momento han dejado de abonar el terreno.

  1. La crisis de régimen entra en una nueva fase.

 La crisis de régimen nunca fue sinónimo de garantía de éxito para la izquierda. Más al contrario, éstas suelen cerrarse por la derecha (aunque sea por una mera cuestión estadística: casi nunca ganamos). Por ello, no puede decirse que la crisis se ha cerrado, pues el avance reaccionario es a día de hoy su síntoma más manifiesto. Sigue existiendo un sentimiento impugnatorio, pero ahora es la derecha quien mejor está conectando con una parte del sentido común y lo está dirigiendo hacia los de abajo.

De la ruptura democrática pasamos al impasse y a continuación a un intento intermitente de «revolución pasiva» dirigida por el PSOE y Ciudadanos. Ahora es la propuesta reaccionaria la que está en alza. Está por ver si el bloque de las derechas tiene la suficiente capacidad o si, por el contrario, este avance permite retomar al PSOE y a Ciudadanos la «centralidad» contra los «extremos».

  1. La FAES: el verdadero Partido.

 Si asumimos la política en su visión más profunda, esto es, como una lucha permanente por la hegemonía, debemos asumir al menos dos cosas: a) que las organizaciones políticas realmente no son la suma de sus aparatos orgánicos, burocráticos o administrativos; y b) que la batalla institucional es tan solo una expresión más de una guerra mucho más profunda que se libra en todas las trincheras de la sociedad civil.

Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal son tres alfiles de José María Aznar. PP, Ciudadanos y Vox son tres facciones de un mismo bloque dirigido culturalmente por el «intelectual colectivo» FAES. La Fundación ya ha señalado el camino: una alianza por el cambio en Andalucía[4]. Sin embargo, la política española está atravesada por un número incalculable de contradicciones y nada es tan fácil como parece cuando se escribe. Ciudadanos tiene una papeleta difícil de resolver: o intenta recomponer un espacio «constitucionalista» junto con el PSOE para aislar tanto a Unidos Podemos como a Vox o apuesta finalmente por el bloque reaccionario.

  1. ¿Qué ha hecho Vox en Andalucía?

 Al menos desde el acto de Vistalegre todo el mundo contaba con que Vox entraría en escena, pero pocos imaginaban que lo hiciera en Andalucía y con semejante fuerza. Andalucía siempre ha sido una tierra de izquierdas. La propia idea de Andalucía, sus símbolos, su himno, su sentimiento nacional, son intrínsecamente de izquierdas. La derecha nunca ha sido capaz de «ser» andaluza, de «ser» Andalucía. Es una relación complicada, como la de la izquierda con España: hay razones históricas, culturales, simbólicas, etc. para ello.

Con gran acierto, las derechas plantearon una campaña estrictamente nacional que pivotara como no podía ser de otra manera en torno al conflicto territorial. Conectaron con los andaluces. En plena crisis territorial nosotros dijimos «más Andalucía» y las derechas –junto con una parte importante de los andaluces– dijeron «más España»: en los tres últimos años el porcentaje de andaluces que piden «más centralización» ha ascendido del 23,2% en 2015 al 27,6% en 2018[5]. Es en este escenario en el que Vox creció con la rojigualda por montera. Construyó un relato fácil:

España está en peligro por culpa de la izquierda, los separatistas y los inmigrantes (antagonistas), vivimos bajo la dictadura de lo políticamente correcto (obstáculos), pero España ha despertado (aventura) y liderada por un grupo de valientes (héroes) va a iniciar la Reconquista (reto).

El relato nacional fue aderezado por la reacción cultural a la diversidad que amenaza el modus vivendi del español de bien, a la «identidad vulnerable»[6]. El feminismo es la vanguardia de esa amenaza y por lo tanto parecería lógico pensar que el grueso del votante de Vox serían hombres. Sin embargo, los distintos estudios postelectorales están arrojando datos diferentes, como por ejemplo el realizado por 40dB en el que se indica que habría obtenido un voto similar de hombres y de mujeres[7]. Pronto iremos saliendo de dudas. La defensa de las tradiciones como la tauromaquia o la caza fueron reacciones exitosas de orgullo herido: entre tanto desprecio, por primera vez en mucho tiempo se vieron reconocidos. Algo parecido ocurriría con los católicos más militantes, quienes reconocieron la firmeza de Vox tras la decepción causada por la tibieza del PP frente al matrimonio homosexual, el aborto y otras leyes «ideológicas» como las de género o las LGTBI[8]. El trasvase de kikos y miembros del Opus Dei seguirá produciéndose y tiene una importancia especialmente cualitativa nada despreciable. Recordemos la importancia de los evangelistas en el triunfo de Bolsonaro.

Vox imprimió épica a una derecha humillada[9]. Puso encima de la mesa un proyecto nacional nítido e inteligible y lo rellenó con un discurso de clase (de clases medias y altas), de género (machista), de raza (nativista) y religioso (católico). Todo ello con la ayuda de una comunicación directa y sencilla, con el «keep it cutre» como filosofía. Los demás hicimos el resto, bien ridiculizando sus vídeos y sus memes o bien discutiendo las mentiras y las tonterías de sus discursos: entrando en su marco[10], y por tanto reforzándolo, en cualquier caso. Comunicación directa, simple y repetitiva traducida a un relato con imágenes, ejemplos (históricos) y emociones. Lo cierto es que ante esto de poco sirven los grandes argumentarios repletos de datos «objetivos» y propuestas «racionales».

Todas las elecciones giran en torno a la disyuntiva cambio o continuidad. En Andalucía cambio fue sinónimo de derecha, ya que Adelante Andalucía quedó atrapada entre la crítica a Susana Díaz y el trazo de un cordón sanitario frente a las derechas. En este complejo escenario para la izquierda, Vox recogió una parte del descontento que no sabía adónde ir. No obstante, la campaña de Adelante Andalucía fue buena, pero faltaba arsenal para poder disputar el otro partido –el más importante– que se jugaba en clave nacional. Se trata de una carencia del espacio político de Unidos Podemos a nivel estatal que incluso puede acentuarse en otros territorios si no se vierten todos los recursos necesarios para avanzar en el desarrollo de un proyecto de país y de otra idea de España.

  1. ¿Qué hacemos con Vox?

 Nos movemos en una contradicción difícil de resolver. Por un lado debemos evitar su normalización como un partido «más», pero al mismo tiempo debemos situarlo dentro del bloque junto con PP y Ciudadanos. Porque Vox es también el resultado de la competición derechista entre azules y naranjas que tanta crispación ha generado. Una extensión exaltada de algo que ya existía. Vieja política al servicio de los privilegiados.

La sobreactuación es un error que los retroalimenta[11]. La polarización con la «izquierda radical» les ayuda a conquistar posiciones dentro del bloque y la criminalización moralista los señala como única fuerza impugnatoria y outsider. Todavía hay en disputa un sentir «antipolítico» que puede tomar distintas direcciones y lo cierto es que la izquierda, enclaustrada en el ámbito institucional y sumida en un estado de ánimo de desmovilización, tiene unas limitaciones importantes.

  1. Qué hacer.

En los últimos dos años hemos aprendido que una importante cuota de presencia institucional no garantiza necesariamente una mayor capacidad de incidencia en la sociedad civil en general o en la agenda política en particular. Hoy se puede irrumpir con fuerza sin ningún tipo de trampolín institucional o se pueden ganar elecciones con los mass media en contra. Si nos aferramos demasiado a cualquier expresión de un sistema en crisis no podremos ver siquiera los movimientos tectónicos que hay más allá de las instituciones, los informes técnicos o los debates intelectuales, sin que esto signifique que las instituciones, los informes técnicos o los debates intelectuales –por poner tres ejemplos– no son importantes.  Recuperar el olfato, medir la temperatura de la calle y conectar con el sentido común.

No hay soluciones mágicas, hay posibilidades complejas. Como señala Steven Forti, gran conocedor de la experiencia de la Lega italiana, comprar aunque sea parcialmente el discurso de la extrema derecha sería «un error garrafal y un suicidio político»[12]. La izquierda debe recuperar el concepto de cotidianidad, extender la lucha político-cultural en todos los rincones de la sociedad civil y ahormar en un proyecto de país cristalino los distintos anhelos y reivindicaciones. Sin falsas dicotomías ni debates estériles. En palabras más complejas de un dirigente sardo que a estas alturas ya cuesta citar: unir una multiplicidad de deseos desagregados, con heterogeneidad de objetivos, en un mismo fin sobre la base de un proyecto de país. Atendiendo a la advertencia que su mentor bolchevique dejó escrita años antes con palabras más sencillas: no basta con explicar a la clase trabajadora que sus intereses económicos son antagónicos e irreconciliables con los intereses de las oligarquías, necesitamos ampliar la lucha pues la injusticia se manifiesta en los más diferentes ámbitos de la vida y de la actividad sindical, cívica, personal, familiar, religiosa, científica y un larguísimo etcétera.

Notas

[1] Juliana, E. (6 de diciembre de 2018). Las Cinco Llagas. La Vanguardia. Recuperado de: https://www.lavanguardia.com/politica/20181206/453390543741/elecciones-andaluzas-abstencion-psoe-vox-cataluna-independentismo.html

[2] Fernández-Savater, A. (8 de diciembre de 2018). El fascismo que viene y la disputa cotidiana en el terreno de los afectos. El Diario. Recuperado de: https://www.eldiario.es/interferencias/fascismo-afectos-vox_6_843475663.html

[3] Bardají, Rafael. (11 de diciembre de 2018). Constitucionalistas, anticonstitucionalistas y post-constitucionalistas. El Debate. Recuperado de: https://eldebate.es/politica-de-estado/constitucionalistas-anticonstitucionalistas-y-post-constitucionalistas-20181211

[4] FAES. (2018). El cambio en Andalucía. Recuperado de: https://fundacionfaes.org/es/contenido/46809/el-cambio-en-andalucia

[5] Cordero, G. & Rama, J. (9 de diciembre de 2018). ¿A la moda europea? El ascenso de Vox en Andalucía. Agenda Pública El País. Recuperado de: http://agendapublica.elpais.com/a-la-moda-europea-el-ascenso-de-vox-en-andalucia/

[6] Barreiro, B. (9 de diciembre de 2019). Vox y la identidad vulnerable. El País. Recuperado de: https://www.lavanguardia.com/politica/20181206/453390543741/elecciones-andaluzas-abstencion-psoe-vox-cataluna-independentismo.html

[7] Llaneras, Kiko. (11 de diciembre de 2018). Quién votó por Vox en Andalucía. El País. Recuperado de: https://elpais.com/politica/2018/12/10/actualidad/1544457793_075029.html

[8] Méndez, R. (1 de diciembre de 2018). El trasvase oculto del voto religioso: “Kikos y miembros del Opus se están yendo a Vox”. El Confidencial. Recuperado de: https://www.elconfidencial.com/espana/2018-12-01/vox-pp-elecciones-andaluzas-opus-kikos_1678250/

[9] Anduiza, E. (6 de diciembre de 2018). El discurso de Vox. Agenda Pública El País. Recuperado de: http://agendapublica.elpais.com/proyecto/sobre_nuestro_proyecto/

[10] Arroyo, L. (7 de diciembre de 2018). Discutir con el cuñado de Vox. InfoLibre. Recuperado de: https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2018/12/07/discutir_con_cunado_vox_89624_1023.html

[11] Díaz, S. (8 de diciembre de 2018). Guillermo Fernández: “Me parece una torpeza que Podemos defina su objetivo en parar a Vox”. Cuarto Poder. Recuperado de: https://www.cuartopoder.es/espana/2018/12/08/guillermo-fernandez-torpeza-podemos-objetivo-parar-vox/

[12] Forti, S. (5 de diciembre de 2018). Spain is not different. CTXT. Recuperado de: https://ctxt.es/es/20181205/Firmas/23291/entender-y-combatir-a-vox-Steven-Forti-naciolapopulismo-Italia-Brasil.htm

Fotografía de Kike Carbajal.
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